Cinco mitos comunes sobre las mujeres migrantes, desmantelados

Cómo los estereotipos nocivos perjudican a las mujeres migrantes y qué debe cambiar.

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Two women from a UN Women project in Colombia working with Venezuelan migrant women.  venezuelan

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Cuando se habla de migración, se suele hacer referencia a muchas cifras: cuántas personas cruzan fronteras, qué costo tiene y cuánto contribuyen las personas migrantes a las economías. Sin embargo, cada estadística oculta una travesía personal impulsada por el coraje, la ambición y la resiliencia.

Casi la mitad de los 304 millones de migrantes en todo el mundo son mujeres, que representan el 38,7 por ciento de la fuerza laboral migrante. Muchas de ellas trabajan en puestos domésticos y de cuidados y sostienen la economía de los cuidados, es decir, los sistemas que mantienen a flote a las familias, comunidades y economías.

Pese a sus enormes contribuciones, las mujeres migrantes suelen quedar reducidas a estereotipos que, en última instancia, repercuten en el trato que reciben en las sociedades. Desde ser consideradas víctimas hasta ser vilipendiadas como si fuesen amenazas, o apreciadas únicamente como mano de obra barata, estas creencias no solo son inexactas, sino también peligrosas. Estas ideas refuerzan la discriminación, dan forma a las decisiones políticas, justifican la exclusión y colocan a muchas mujeres migrantes —en especial a las más marginadas— frente a un mayor riesgo de violencia.

Estos son cinco de los mitos más comunes que enfrentan las mujeres migrantes y las realidades que hay detrás de ellos:

Paola Cyment, Women in Migration Network
Paola Cyment, Women in Migration Network. Photo: Juan Lucas Galak, courtesy of Paola Cyment.
Paola Cyment, Women in Migration Network
Paola Cyment, Women in Migration Network. Photo: Juan Lucas Galak, courtesy of Paola Cyment.
Paola Cyment, Women in Migration Network

“Confinar a las mujeres migrantes a una historia de victimización es de una profunda injusticia. Si bien nunca debemos pasar por alto las dificultades y vulnerabilidades reales que pueden enfrentar, optamos por una historia más completa, que dé cuenta de su resiliencia, ingenio y liderazgo. Las migrantes no son solo sujetos de sus circunstancias, sino motores del cambio, que sortean sistemas complejos para construir nuevas vidas y moldear poderosamente las sociedades a las que se unen”.

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Paola Cyment, Women in Migration Network
Paola Cyment, Women in Migration Network. Photo: Juan Lucas Galak, courtesy of Paola Cyment.
Paola Cyment, Women in Migration Network

“Confinar a las mujeres migrantes a una historia de victimización es de una profunda injusticia. Si bien nunca debemos pasar por alto las dificultades y vulnerabilidades reales que pueden enfrentar, optamos por una historia más completa, que dé cuenta de su resiliencia, ingenio y liderazgo. Las migrantes no son solo sujetos de sus circunstancias, sino motores del cambio, que sortean sistemas complejos para construir nuevas vidas y moldear poderosamente las sociedades a las que se unen”.

Mito 1: Las mujeres migrantes son víctimas

Esta versión puede sonar empática, pero puede despojar a las mujeres migrantes de su poder, al presentarlas como indefensas, pasivas y dependientes, y rara vez como personas capaces y empoderadas en busca de oportunidades.

Desde esta perspectiva, el imaginario colectivo representa a las mujeres en movimiento como:

  • Naturalmente vulnerables, con la necesidad de que alguien las rescate.
  • Receptoras pasivas de ayuda.
  • Víctimas de trata y violencia.
  • Esposas que solo migran para seguir a sus maridos.

Este enfoque reduce a las mujeres migrantes a un imaginario unidimensional de sufrimiento y sumisión, limita la percepción que las comunidades tienen de ellas y su representación en los gobiernos y medios de comunicación.

Sin embargo, en todo el mundo, las mujeres migrantes se organizan, construyen comunidades y sostienen a las familias en condiciones extraordinarias, incluso desafiantes. En Etiopía, por ejemplo, según una encuesta de ONU Mujeres, una de cada cinco mujeres migrantes experimentó violencia de género durante la migración, pero a raíz de ello muchas se convirtieron en defensoras comunitarias de una migración más segura.

¿Lo sabías?

En 2022, debido a los sesgos en el algoritmo que usaban las autoridades de los Países Bajos, se acusó falsamente a jóvenes madres solteras con “nombres de posible origen extranjero” —especialmente a las de Marruecos, Surinam y Turquía— como de alto riesgo de fraude en las prestaciones por cuidado de hijas e hijos.

El gobierno reconoció posteriormente el escándalo ante el Parlamento Europeo y esto reveló cómo los estereotipos pueden arraigarse en los sistemas públicos.

Mito 2: Las mujeres migrantes son una carga para la sociedad

Esta creencia nociva alimenta el racismo, el sexismo, la xenofobia y la exclusión al presentar a las mujeres migrantes como una carga para los recursos nacionales y como miembros improductivos de la sociedad, en particular si están racialmente marginadas o si tienen hijas e hijos.

A continuación, enumeramos algunos de los mitos más comunes:

  • La fertilidad de las mujeres migrantes es una amenaza para la identidad nacional, ya que sus hijas e hijos pueden cambiar o diluir la cultura de un país.
  • Las migrantes abusan de los recursos del sistema de bienestar, lo drenan y no contribuyen a la economía.
  • Las migrantes no tienen la capacidad ni la voluntad de integrarse a la sociedad.

Estos estereotipos refuerzan la idea de un “chauvinismo del bienestar”, es decir, la creencia de que los sistemas de contención social deben reservarse para los llamados ciudadanos “de verdad”. Esta creencia suele excluir a las personas migrantes, incluso a quienes han vivido en un país durante años, tienen su documentación en regla o no pueden demostrar su ciudadanía. En la práctica, esto significa que muchas migrantes se ven privadas de servicios esenciales como el cuidado de sus hijas e hijos o la asistencia sanitaria.

¿Lo sabías?

Según un estudio de Sudáfrica, muchas mujeres locales veían a las mujeres migrantes con envidia y desconfianza, no solo por el acceso a servicios y empleos, sino por su independencia y determinación para forjarse una vida mejor.

Este resentimiento llevó a las mujeres migrantes a recibir un trato injusto al buscar trabajo, iniciar negocios o intentar establecerse en sus comunidades.

Mito 3: Las mujeres migrantes benefician la economía como solución barata a la escasez de mano de obra

A primera vista, esta idea puede sonar positiva. No obstante, valora a las mujeres migrantes solo por su productividad, en lugar de considerarlas como titulares de derechos y parte de la economía en pie de igualdad. Lo anterior significa que son bienvenidas solo si vienen a cubrir deficiencias de mano de obra barata y explotable, y que se les puede rechazar si las condiciones llegan a cambiar.

Los argumentos económicos dominan el discurso en favor de la migración:

  • Énfasis en la productividad y las remesas.
  • Caso omiso de los derechos, el bienestar y la dignidad de las mujeres migrantes.
  • Aceptación condicionada: “serás bienvenida siempre y cuando seas productiva”.

Muchas economías dependen de las mujeres migrantes para las tareas de cuidado y el trabajo doméstico; sin embargo, estas trabajadoras suelen estar mal remuneradas y excluidas de protecciones sociales como la licencia por enfermedad, las pensiones y la cobertura en la atención de la salud.

Además, cuando ya no pueden contribuir a la economía —por problemas de salud, edad o maternidad—, las mismas sociedades que antes acogían a las mujeres migrantes las tratan de nuevo como una carga. Al pensar en las mujeres migrantes solo desde la perspectiva de la productividad económica, corremos el riesgo de tratarlas como recursos y no como seres humanos con derechos, necesidades, capacidades y sueños.

¿Lo sabías?

En Filipinas, se considera a las mujeres migrantes “heroínas de la nación” por las remesas que envían a sus hogares. No obstante, este elogio oculta los enormes costos personales de la separación, la experiencia de estar alejadas de sus familias por años y la falta de políticas de reunificación familiar.

Muchas migrantes sufren condiciones de explotación en el extranjero, mientras que sus contribuciones se valoran puramente en términos económicos.

Mito 4: Las mujeres migrantes son promiscuas

Los estereotipos sexistas y racistas a menudo se entrelazan para sexualizar a las mujeres migrantes, en especial a las de ciertas regiones. En algunos países, se considera erróneamente a las mujeres migrantes como “moralmente desviadas” o como una amenaza para los valores familiares locales y las normas culturales.

Estos estereotipos incluyen las siguientes consecuencias:

  • Hipersexualización de ciertas mujeres migrantes.
  • Asociación conceptual de las mujeres migrantes con el trabajo sexual o con actividades ilícitas.
  • Clasificación de las mujeres migrantes como extrañas que representan una amenaza para las normas culturales.

¿Lo sabías?

Hay estudios de distintas regiones que muestran cómo los estereotipos de sexualización pueden moldear las actitudes hacia las mujeres migrantes. A continuación algunos ejemplos:

  • Se acusó a las migrantes venezolanas en partes de América Latina de “robar maridos”.
  • Las migrantes rusas y ucranianas se enfrentaron a estereotipos que las vinculaban al trabajo sexual o las consideraban una amenaza para los matrimonios locales.
  • En Etiopía, algunas mujeres que regresaron a su país de origen fueron consideradas como “inmorales”, en especial si regresaban con hijas e hijos.

Estos ejemplos no abarcan la totalidad de conductas en todas partes, pero muestran cómo los estereotipos pueden aislar a las mujeres y exponerlas a un daño mayor.

Mito 5: Las mujeres migrantes son malas madres o madres egoístas

A menudo, las madres migrantes siguen cuidando de sus hijas e hijos desde lejos: administran su educación, salud y bienestar emocional mediante llamadas telefónicas, envío de dinero a casa y comunicación en línea. Esta “maternidad transnacional” sostiene a las familias, pero tiene un costo emocional inmenso tanto para las madres como para sus hijas e hijos.

Estos son algunos de los estereotipos comunes que enfrentan las madres migrantes:

  • Son negligentes por no migrar con sus hijas e hijos, incluso cuando su trabajo en el exterior mantiene a la familia.
  • Son malas madres por priorizar el apoyo económico sobre la presencia física.

¿Lo sabías?

Casi una de cada tres personas que trabajan en el ámbito de los cuidados en todo el mundo es una mujer migrante. Muchas de ellas hacen trabajos esenciales que mantienen a flote a las familias y las economías. Pese a que sostienen la economía de los cuidados a nivel mundial, las madres migrantes suelen recibir más críticas que elogios.

Sus aportaciones económicas son esperadas, pero no celebradas, y muchas reciben acusaciones de negligencia a pesar de que la distancia es la única forma de mantener a sus familias.

Más allá de las etiquetas de “buenas” o “malas”

Ya sea que se les interprete como villanas, víctimas, amenazas o salvadoras de la economía, las mujeres migrantes están constantemente encasilladas en roles binarios. Estas versiones pasan por alto las desigualdades interseccionales de género, clase, raza y condición migratoria (entre otras) que moldean sus vidas.

Para construir sistemas migratorios seguros y justos para todas las personas, necesitamos cambiar la forma en que hablamos de las mujeres migrantes y de las políticas que las afectan. Eso significa celebrar la fuerza, la autonomía, la determinación y las contribuciones que las mujeres migrantes hacen cada día, y actuar para garantizar que sus derechos y dignidad se respeten en todas las etapas de la migración.

Lo que puedes hacer:

  • Considera a las mujeres migrantes por quienes son, no por los mitos que las rodean. Sus decisiones no se desprenden de los estereotipos que se proyectan sobre ellas, sino de la esperanza, la ambición y el deseo de vidas mejores para ellas y sus familias.
  • Reconoce y valora sus aportaciones. Las mujeres migrantes mantienen en funcionamiento hogares, comunidades y economías enteras, pero enfrentan obstáculos persistentes para su seguridad y sus oportunidades.
  • Desmiente los estereotipos que enfrentan. Hay que desmantelar los estereotipos nocivos, el racismo, el sexismo y la xenofobia que están sembrados en la vida cotidiana y en las leyes.
  • Apoya las vidas que desean forjar. Las mujeres migrantes aportan habilidades, idiomas, culturas valiosas y nuevas miradas que fortalecen las sociedades a las que se unen.

Cuando escuches una idea basada en un mito, desmiéntela. Los derechos no se quedan en casa cuando migramos.