Feminismo interseccional: qué significa y por qué es importante en este momento
Ante un panorama en el que las comunidades más pobres son las que más sufren los desastres climáticos; en el que el racismo y la discriminación aumentan de manera dramática, y tanto la retórica antiderechos como la misoginia en línea se siguen propagando, queda claro que la igualdad aún está fuera del alcance para demasiadas personas. El mundo puede ser un lugar abrumador y repleto de injusticias superpuestas. ¿Cómo podemos encontrar sentido a todo esto y cómo podemos defendernos?
El feminismo interseccional ofrece una perspectiva. Nos ayuda a entender cómo los diferentes tipos de desigualdad, como el racismo, el sexismo, el capacitismo y el clasismo, no solo existen uno al lado del otro, sino que a menudo se superponen y agravan.
¿Qué es el feminismo interseccional?
El término fue acuñado por la académica jurídica Kimberlé Crenshaw en 1989. Crenshaw define así la interseccionalidad: “Un prisma para ver cómo las diversas formas de desigualdad a menudo funcionan juntas y se exacerban entre sí”.
“No todas las desigualdades se crean de la misma manera”, afirma. “Tendemos a hablar de la desigualdad racial como un factor independiente de la desigualdad de género, de clase, por motivos de sexo o de la condición migrante. Lo que suele omitirse es que a algunas personas les afectan todas, y la experiencia no es solo la suma de las partes”.
En pocas palabras: no todas las desigualdades se experimentan de la misma manera. Una mujer negra, una adolescente trans o una persona migrante con discapacidad pueden enfrentarse a una discriminación que concierne a todos los aspectos de su identidad, no solo uno.
El feminismo interseccional coloca esas realidades en el centro. Nos obliga a escuchar a las personas que se enfrentan a múltiples formas de opresión y a construir soluciones que reflejen el panorama completo.
¿Qué apariencia tiene la desigualdad interseccional?
Voces feministas negras
Valdecir Nascimento, destacada activista feminista negra en Brasil, lo expresa de manera sencilla: “El diálogo para promover los derechos de las mujeres negras debe ponernos en el centro”.
Nascimento lleva más de 40 años en la lucha por la justicia, no solo en el movimiento feminista, sino en todos los movimientos progresistas y por los derechos de los negros en Brasil.
“Las mujeres negras de Brasil nunca hemos dejado de luchar. No queremos que otras personas hablen en nombre de las feministas negras, ni las feministas blancas ni los hombres negros. Es hora de que las jóvenes negras lideremos. Nosotras somos la solución en Brasil, no el problema”.
Las niñas indígenas y las oportunidades perdidas
El feminismo interseccional significa reconocer que la injusticia está entretejida tanto en el pasado como en el presente. Los siglos de violencia, racismo y discriminación han consolidado profundas desigualdades que siguen moldeando la vida de las personas y determinan quién tiene acceso a la educación, la seguridad, el trabajo decente, la atención médica y el poder político.
Sonia Maribel Sontay Herrera, defensora guatemalteca de los derechos indígenas, lo sabe de primera mano. Cuando era niña, dejó su pueblo y se fue a estudiar a la ciudad. Esta es una oportunidad que muchas niñas indígenas no tienen. Sin embargo, para poder estudiar, ella tuvo que dejar de comunicarse en su lengua materna, el k'iche', y aprender español.
Luego, al solicitar empleo, la gente le dijo que el único trabajo disponible para alguien como ella era en el hogar.
“Nos ven como trabajadoras del hogar, nada más. Cuando ven a una mujer indígena, asumen que es lo único que podemos hacer”.
Las favelas al frente de la injusticia climática
Anne Heloise Barbosa, joven activista y líder por la justicia climática, también de Brasil, conoce muy bien las distintas caras de la desigualdad:
“Viví en una favela, como se conocen los barrios pobres y las comunidades marginadas. Cuando hay una gran tormenta, estos lugares son los primeros en sufrir derrumbes e inundaciones”.
“Las personas que viven en estas zonas en las afueras de las ciudades necesitan viajar durante tres horas en autobús para ir al trabajo y tres horas para volver a sus hogares. Eso es indigno e injusto”.
En un primer acercamiento, podría parecer que algunos desafíos, como la violencia contra las mujeres, la injusticia ambiental o la discriminación, no tienen relación entre sí. No obstante, el feminismo interseccional nos demuestra lo contrario. Nos brinda un marco para dar respuesta a todas las formas de opresión a la vez, siempre que pongamos a las mujeres más afectadas por los distintos tipos de opresión en el centro y generemos movimientos que no dejen a nadie atrás.
“Los temas más urgentes en la actualidad —cambio climático, derechos digitales e inteligencia artificial— están amenazando a las mujeres y niñas. Cuando observamos con un prisma interseccional, nos damos cuenta de que tenemos que seguir luchando también por los derechos de las mujeres negras y las mujeres trans”.
Por qué el feminismo interseccional importa más que nunca
La brecha entre quienes tienen poder y quienes están al margen se amplía cada vez más, según el último Informe Social Mundial de las Naciones Unidas. En 2025, las conmociones climáticas, la discriminación facilitada por la tecnología, el estrés económico y la política regresiva se han combinado para gestar una tormenta perfecta que afecta en mayor medida a las personas más vulnerables y marginalizadas de nuestras sociedades.
Las mujeres negras e indígenas, la juventud trans y queer, las mujeres con discapacidades y las niñas de las zonas rurales viven en las intersecciones más pronunciadas de la desigualdad y soportan todo el peso de las crisis actuales.
“Si eres invisible en la vida cotidiana”, afirma Matcha Phorn-In, defensora de los derechos humanos tailandesa, “en una situación de crisis no se pensará en tus necesidades; mucho menos se les buscará una solución”.
Por eso, el feminismo interseccional es importante en 2025. Nos ayuda a ver cómo los sistemas de opresión se refuerzan entre sí y por qué necesitamos respuestas que estén igual de interconectadas.
Tal como nos recuerda Kimberlé Crenshaw: “Si ves la desigualdad como un problema de otras personas, ajenas, desafortunadas, entonces ahí hay un problema”.
El feminismo interseccional es más que una lente. Para muchas personas puede ser un salvavidas. Es un llamado a la acción y a que nos concentremos en las respuestas orientadas a quienes se ven más afectadas por las crisis y la desigualdad. El feminismo interseccional nos interpela para que podamos profundizar y construir movimientos que impartan justicia por y para TODAS las mujeres y niñas.